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Eso que anhelo

 Salí de mi casa porque vi que estaba haciendo buen clima. No es que no soportara estar en mi casa. Sino que había que salir. Era imposible perderse esa sensación de calor en la cara. Vivir en un apartamento como este lo priva a uno de sentir la tranquilidad que brinda el sol. Parece más una cárcel. Menos mal no lo es. Solo me detiene la puerta, mi voluntad y mi horario. Trabajo en las noches. Trabajo en un lugar oscuro. No sé bajo qué directriz mi salón de clases no deja entrar la luz del sol. Si fuera aún más exigente no podría trabajar más en ese lugar. No soy un vampiro. Aunque me gustara viajar por donde quisiera. A mí me gusta el sol. Y hoy hizo mucho sol; lo suficiente para cansarme de estar bajo él por más de treinta minutos. Lo suficiente para recordar cuando iba al parque San Carlos con Matilda. Me acordé de eso. Cuando iba al parque con Matilda me sentía tranquilo y también completo; y alegre, me faltó. Hoy estuve tranquilo. Solo eso. Cuando volví tuve la sensación de que algo faltaba. Y; tanto quisiera que fuera mi ex lo que faltara, pero no, es otra cosa. Me hace falta la capacidad de admiración y agradecimiento. Esto lo digo con inseguridad. En realidad podría decir que me faltan muchas cosas: terapia, dinero, más comida, sueño, gotas, cirugía. No estoy seguro si quiera si algo me hace falta. Eso implica que estoy incompleto y sé que es una idea tonta. Yo ya soy algo completo. Soy entonces el anhelo completo. 

Hoy escuché también un Podcast. En él se hablaba de dos historias. Una de una diseñadora de modas más que controversial, tachable. La otra sobre unos personajes que tuvieron un pasado muy denso cuando niños y un presente trágico. Pensé en que creo que todos estamos dañados o rotos. Una frase de cajón que no cabe en el mismo. Lo que pensé en realidad es que los hombres somos los que estamos más dañados y quisiera saber cómo arreglarnos. Muchos de los daños vienen de los padres de los padres. No quiero llamarnos víctimas. Tampoco quiero pensarlo ahora mismo. Pero queda pendiente. También escuché a Carolina Sanín en su columna sobre Umaña, una escritora colombiana. Me agrada escuchar a Carolina. La admiro. Me hace pensar e interesarme por la lengua. 

Cuando caminé por el barrio me di cuenta que me desagrada el ruido. Que prefiero los árboles que los cafés. Soy muy pesimita pero hay días como hoy que me dan de nuevo la esperanza de que tendré eso que me falta. Eso que mencioné antes. No diré que lo encuentro en la música, ni en las películas ni en los libros. Lo encuentro en cosas precisas: en la vegetación, en las melodías melancólicas y extrañas, en los largometrajes atractivos y románticos. Todo porque fui, creo, un romántico y me emocionaba pensar en que alguien sentiría la misma euforía mía por pensar en una mañana tranquila de domingo sin preocupaciones en una casa con jardín y con una pareja. 

Sueño con el descanso, entonces. Eso también es decir que sueño con la muerte. Pero soñar no significa nada. Soñar solo dice una u otra cosa. Sueño con el descanso porque quiero descansar. Sueño con la muerte es porque le temo. O porque está presente y le tengo miedo. Aunque ultimamente me esté dando más miedo desconocer lo que siento, lo que sé, lo que quiero, lo que amo, lo que odio, lo que temo. Desconocerme totalmente implicaría perder la oportunidad de recuperar eso que pienso que he perdido y que me sigue haciendo falta. Hace mucho le dije a mis amigos que eso que me faltaba era la sensación de plenitud y creo que sí es así. Me ha costado hacerlo desde un punto material. Es hasta hoy que creo que estamos siendo estables con nuestro dinero. Lo siento porque ya no hay que preocuparse por pagar cosas obligatorias con una tarjeta de crédito. Algo que jamás debe ocurrir de nuevo. Debo trabajar ahora en mi salud mental y física. Mi cuerpo lo pide, con sus dolores me hace pensar en el ejercicio. Pero también debo entender que no puedo hacer todo. Me refiero a que primero debo concentrarme en preparar las tres comidas del día; organizar y planear mis días; ir al trabajo y luego de eso, sí; en lo que debo trabajar. ¿O será una excusa? Puede ser. Ya no vale la pena escribir sobre eso en este texto. 

Pensé en la alcoba. En la palabra. Me suena en la cabeza. Me imagino muebles de madera y vieja. Como si viniera de un sueño. ¿Será que me volví mucho más complicado? ¿Será que mi instinto es huir de la simplicidad? ¿Le temeré a la simplicidad? No quiero no pensar. Quiero complicarme pensando. Quiero encontrar en lo que pienso la satisfacción de que descubrí algo y que con ello cree algo. Ese algo en forma de texto, mensaje o canción. Cuando viajé a Monguí pensé en que debía hacer una película con todo el material que grabé. Pensé en que tener eso guardado serviría como recuerdo visual de lo bonito que lo pasamos allí. Entonces, hacer esa película es decir lo siguiente: "Recordemos, amigos, que fuimos a un lugar y nos sentimos alegres". Este texto que escribo dice lo siguiente: "Quiero usar mi tarde para escribir lo que pienso. Quiero que alguien me lea aunque no sea todo lo que quiero. También quiero sentarme en una tarde solitaria a ver que de cuando en cuando sale una oración.": Y las oraciones que escribo a veces son lindas (no tan lindas como las oraciones que escribe Clarice Lispector). Evocativas, más bien. Y no intento hacerlo. Porque no soy tan responsable como ella ni como Virginia. Una razón más para admirarlas. A Clarice Lispector, a Virginia Woolf y a Mary Shelley. 

¿Se imaginan una vida en paz? Yo puedo. Pero solo dura un día. Habrá algo por lo que sufrir siempre. Entonces habrá que preguntarse: ¿Se imaginan una vida en paz con un sufrimiento que se sobrevive? Sobrevivible sufriemiento. Eso lo vi en la película de Wim Wenders, Perfect Days (2023). Yo lo que sufro es de ansiedad. Entonces me preocupaba mucho la soledad. Pero no es así ahora. Solo es ansiedad. Miedo a perderme. Me pierdo en el infinito de las redes sociales. Son un hechizo que no logro superar. Siempre vuelvo a ellas. ¿Cómo uno se pierde? ¿Buscando? ¿Qué busco allí? Hace mucho pensé que lo que buscaba era un encuentro. Me doy cuenta de que los encuentros ocurren muy rara vez. Además, no debo buscarlos así, esperando a que ocurran. Sino debo materializarlos. Hacerlos. Organizarlos. Planearlos. Los busco, entonces, porque aún le sigo temiendo a la soledad. Aunque en ella encuentre la calma, a veces es mucho. Lo anterior no tiene peso alguno. Voy ahora con algo más contundente. En la soledad encuentro el sol, el calor, el silencio, la lectura, el pensamiento, la calma, no hay agitación, creatividad. Y hay un asomo de catástrofe, de tragedia, de miedo. Es allí cuando busco en las redes sociales un refugio, pero allí no hay refugio, todo está abierto.  Todos estan expuestos y yo me siento expuesto. El lugar adecuado es la seguridad en la soledad. Eso también es lo que puede que me falte. Solo o no, las cosas pasan y seguiran pasando. 

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