Hola amigos de youtube estoy en la clase de EFE y estamos en el cuarto semestre. Hasta ese momento no había dimensionado lo interesante que es la investigación y las decisiones que toma uno dependiendo de la motivación y del ánimo que uno tenga. Hay que arriesgarse, hay que lanzarse al vacío. Hay que saltar al aire como un tigre mientras se ruge contra las adversidades: 🐯🐅🐅🐯🐅
Actualización del 01/06/2026
Hay un candidato presidencial que ha secuestrado el símbolo. Había escrito lo de las adversidades a modo de broma, pero ya vemos que algunas personas se toman en serio la personalidad del animal en el humano. Dice frases como con las garras o con los colmillos o incluso le pintaron las rayas al tigre. Bueno, como dice Sanín, un desconocimiento total de qué es un animal. Lo único que les funciona a ellos es su representación semántica; nada más. Si tuvieramos tigres en el amazonas, seguirían haciendo fracking.Esperemos que el mal gusto por este candidato sea un sueño con fiebre. Y si gana, bueno, ya habíamos convivido con otros presidentes showseros.
Sin embargo, yo no vine a hablar de eso. Quiero concentrarme en escribir lo que soñé. Soñé que estaba muy malhumorado, estaba irritable y no quería hablar con nadie. Especialmente con mis amigos. Cuando llegué a la habitación de mi sueño estaban ellos jugando y yo entré a buscar mis colores. Ellos al no haberme visto en mucho tiempo se sorprendieron e intentaron aprehenderme. Pero creo me solté y me salí por la ventana a esconderme. Por alguna razón también pienso que me escondí en un granero. Pero esa es la sensación que recuerdo. Huir, esconderme y no hablar.
Tiempo después otras personas se habían hecho amigos míos. Pero eran una especie de amigos falsos. Como que se aprovechaban de mi habitación. Estaba muy sucia y cuando volví, empecé a arreglar todo y a reclamar. Me había enojado, pero al mismo tiempo tenía empatía por ellos. Era muy extraño. En fin, llegó un momento en el que el candidato presidencial me decía que debía dejar de ser cobarde. Que no debería tener miedo.
La verdad es que no lo entiendo. No entiendo ni el sueño ni lo que he venido sintiendo últimamente. No quiero ser mala persona. Pero tampoco me nace ser ese amigo alegre. Quizá le temo a que esta sea mi nueva manera de manejar las adversidades. Me da miedo no tener la capacidad. Me da miedo no poder.
Mi psicóloga me ha preguntado: ¿Qué quieres?
Y siempre me quedo muy aburrido. No es que no sé qué quiera. Yo quiero vivir tranquilo. Poder ahorrar. Poder invertir. Construir. Etc. Pero la realidad me ha mostrado que para hacer todo eso, o es demorado, o es un poco difícil. Y sí, usar el verbo ser en esa frase es atrevido. Debería haber usado usualmente es o posiblemente es. E independientemente de si es difícil o no, eso no debería detenerme, pues debo tomar al toro por los cuernos, debo pintarle la raya al tigre, etc. Pero estoy cansado. Quizá es eso. Estoy cansado, decepcionado. Y sigo cansado y decepcionado. Ya he tenido las suficientes conversaciones en la que debería mirar al mundo con unos ojos más optimistas, en las que debería llevar mi energía y esfuerzo a mejorar o a continuar, en las que no me debería rendir. Pero ya estoy cansado. No le encuentro sentido.
Quiero un trabajo. El mío. Para mí. Por mí.
Pienso que el trabajo es lo que le da sentido a mi vida.
En términos literales, me da dinero para comprar comida, para rentar un lugar, para entretenerme.
¿Será que no lo estoy pensando bien?
¿Será que debería pensar que lo que le da sentido a mi vida es estar vivo simplemente?
No lo sé.
Me conflictúa pensar en esas cosas.
En el sentido de la vida.
En el trabajo.
En el dinero.
En la amistad.
Quizá es porque de niño estuve solo por unos momentos.
Aprendí que debía relacionarme con las paredes de un hogar.
A buscar figuras y patrones en el moho, en las manchas y en las grietas.
Dejé de anhelar el mundo exterior porque igual no iba a salir. (estoy exagerando)
Aprendí a sentarme en el patio a recibir el sol y escuchar a las aves enjauladas de mi madre.
Yo era un ave enjaulada.
Que buscaba babosas para echarles sal.
Que cuidaba de un árbol de naranja que no podía crecer más porque su matera era muy pequeña.
Subir y bajar.
Ver televisión.
Jugar videojuegos.
Esperar.
¿A dónde se me está yendo la alegría?
Me emocionaba salir a la calle a jugar con mis amigos del barrio.
¿No he dejado de ser un niño?
Debería darme vergüenza.
Debería ser un hombre ya grande.
Un adulto.
Pero ¿Qué hacen los adultos?
Tengo muchas preguntas. ¿Para qué tengo tantas preguntas? ¿Qué haré con las respuestas?
Creo que no hay tiempo para responder todas esas preguntas.
Podría preguntarlas durante todo este lunes.
Y no quiero insistir.
Ya las hice.
Quien sepa responder, que lo haga.
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